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Número 26 - Agosto 2010

Estrago, superyo, goce femenino.
De la lógica del Todo al no-todo.
Posición del analista frente a los vasallajes de la
surmoitié.

Rosy Goldman

El siguiente escrito tiene por objetivo presentar un estado de trabajo en el cual aún persisten dudas y preguntas a despejar.

En principio surgió, (a lo largo del recorrido realizado en el Atelier "Astucias y estragos femeninos", coordinado por Mario Goldenberg en el marco de la EOL) la necesidad de diferenciar los conceptos de estrago, superyo femenino y goce femenino.

Planteo como hipótesis a trabajar que el goce femenino se presenta de diferentes modalidades, adquiriendo la forma de una placa giratoria que puede virar tanto al goce indecible por las palabras de amor del partenaire -elegido como Otro por el sujeto femenino- que repercuten en el cuerpo, instaurando un goce más allá del goce fálico, sin que sea mortífero; como hacia el sometimiento al superyo, en su vertiente más mortífera, como "empuje al crimen". Si un análisis debe tocar algo del goce femenino, este trabajo intentará dar cuenta de cuál será la posición del analista, para que el sujeto femenino no sea avasallado por el superyo.

Para poder establecer cierta aproximación a una respuesta partiré del concepto de Lacan de "falta en ser", constitutivo del sujeto, que lo lleva "en su insondable decisión del ser" a buscar un ser que justifique su existencia. Lo decisivo de la castración se juega a nivel de la castración en la madre. Lo que la madre desea es el falo: el significante del deseo. El Otro demanda al sujeto que sea el falo. El anhelo de colmar el deseo de la madre siendo el falo está condenado estructuralmente al fracaso. Esta imposibilidad del sujeto es lo que Lacan denominó "falta en ser", que es inherente al ser hablante. Este ser de un sujeto se concibe en relación a una falta. Aquí habría una ecuación a resolver que puede adquirir diferentes modalidades de respuesta.

Eric Laurent en "Posiciones femeninas del ser"1 se propone establecer, a partir de los conceptos de Lacan en "De una Cuestión Preliminar a todo tratamiento posible en la psicosis" y en "Ideas directivas para un Congreso sobre sexualidad femenina" las distintas posiciones de la mujer en relación a la castración, al goce y al tener fálico. Para ello se hace eco de las críticas realizadas por Lacan a la concepción freudiana que identifica el ser de la mujer con el masoquismo femenino, en tanto "placer en el dolor".

Esto Freud lo deduce en el segundo tiempo en "Pegan a un niño" –en la frase no explicitada del fantasma "pegan a un niño" para el caso de las niñas, que revelaría "Tú me pegas" , lo cual se traduce en: –siguiendo los lineamientos de recibir el mensaje en forma invertida- "Yo gozo y recibo mi goce de tí que me pegas", con el padre como supuesto gozador y a la vez garante del lugar de goce. El padre aparece entonces como aquel que pega y es el que garantiza el goce (placer en el dolor) reservado a la niña.

Lacan en "Ideas directivas …"2 no descarta que hubiere placer en el dolor sino que afirma que esto no es lo que identifica el ser de la mujer. En cambio, va a orientar la discusión tomando el concepto de privación que da cuenta del goce particular que puede tener una mujer al despojarse en el registro del tener. Para sostener esta postura retoma las diferencias que existen entre el niño y la niña con respecto a la castración; mientras que el primero padece la amenaza de castración, en la niña la castración no es amenaza puesto que ya ha sido efectuada. Y esto no es sin consecuencias ya que por esta razón la mujer no teme perder y puede suponer que le es posible hacerse un ser desembarazándose de su tener.

Laurent en "Posiciones femeninas…" comenta el caso de un sujeto femenino que cuando era niña solía tirar en el jardín sus objetos y, si bien no podía dar cuenta de porqué lo hacía, sí recordaba que esto le otorgaba un gran prestigio entre sus compañeros. Ella gozaba de ser privada en el tener y de este modo se fabricaba un "ser de prestigio" entre sus pares. Entonces, este plus obtenido a partir de la sustracción en el tener lo puede adquirir a partir de no estar amenazada por la castración. Con este concepto de "privación" Lacan desplaza las discusiones posfreudianas centradas en el masoquismo femenino.

Aquí se podría articular el "estrago" que un hombre puede producir en una mujer, no por el masoquismo femenino, sino porque al no estar amenazada por la castración, puede estar mucho más decidida a "entregar todo por un hombre", "privarse de todo para ser todo para él", para asegurarse el lugar en el Otro.

En "Ideas directivas…" Lacan retoma nuevamente a Freud y remarca que no hay que reducir el suplemento de lo femenino a lo masculino, al complemento de lo pasivo al activo. En el Seminario XX plantea que el goce fálico, regido por el significante fálico es parcial y no simétrico para ambos sexos, con lo cual entre masculino y femenino no se establece una relación de complementariedad. A la diferencia sexual le corresponde una diferencia de goce. Que el significante fálico sea el operador en el reparto sexual obstruye el establecimiento de la relación sexual, faltando el significante capaz de significar la femineidad. Un sexo no puede gozar sexualmente del otro sexo. En "Aún" Lacan afirma: (p. 14) "El amor es impotente, aunque sea recíproco, porque ignora que no es más que deseo de ser Uno, lo cual nos conduce a la imposibilidad de ser Uno, imposibilidad de establecer la relación de dos sexos. El Uno como proporción sexual." Ambos solamente pueden gozar del falo pero bajo dos modos distintos: la posición masculina como todo (todo él goza del falo) y del lado de la posición femenina como "no-todo" (no toda ella goza del falo). O sea, si hay un ser de la mujer no está en el complemento de ninguna totalidad, sino que es un suplemento que responde a la lógica del no-todo. Es un goce suplementario respecto del significante fálico. ¿Cómo dar cuenta de este goce suplementario que no transita por el tener o no tener fálico? Las posiciones femeninas del ser no girarán en torno al goce fálico, si bien no prescinden de su marca. Es un goce más allá del falo pero referido a él. No todo en la mujer se rige por la ley del falo. La mujer, en este sentido, es no-toda. Al no haber La Mujer (un significante que la designe) el goce femenino adquirirá diferentes modalidades, una por una.

Siguiendo con las distintas soluciones a la ecuación propuesta, Lacan plantea en "De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis" (Escritos 2, 1975) que en el caso de la psicosis, ante el problema-ecuación que se le presenta a Schreber sobre "a falta de ser el falo que le falta a la madre", la solución psicótica que encuentra es "ser la mujer que le falta a todos los hombres".

Una solución femenina pero falsa estaría marcada por la privación, con el componente superyoico femenino y estragante implícito en "Dar todo lo que tiene para ser todo para un hombre", respondiendo a una lógica del "Todo", donde hay un recubrimiento entre la falta y el todo –ser todo para un hombre es ser lo que le falta. Laurent, en el texto citado, formula que la solución verdadera de la posición femenina no es enfrentarse al "todos" sino "ser Otro para un hombre".

Lacan ubica en "Ideas directivas…" que "El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él". El relevo lo entiendo como "instrumento", haciendo uso de él. Esta sería "la estructura normal" que debe ser efectuada.

Existe una variante, que es la de la "histeria" quien logra efectuar esta estructura pero valiéndose de otra mujer en lugar de volverse Otro para sí misma, con la ayuda del Uno –el hombre en la posición fálica- para interrogar la posición femenina –la alteridad como tal-. En lugar de usar al hombre como relevo, se interroga con el Uno a la Otra mujer.

Entonces, si para un hombre una mujer es Otro, ¿cuál es el goce para esta mujer –en tanto su goce está dividido entre el goce fálico y otro de otro orden, en el cual es llevada fuera de sí (como lo plantea en el Seminario Aun)? ¿Cómo se formula el llamado propiamente femenino?

En Aún, varios años después, Lacan sostiene que el goce del Otro está más allá del goce fálico y éste último más allá del órgano. Que el goce fálico sea el único que existe para la posición masculina no lo hace por ello autoerótico, autista. No se satisface en él mismo pues entre el cuerpo y él hay una diferencia: el objeto a. Y en este plus de goce como causa del deseo la mujer puede encontrar su lugar.

Javier Aramburu en "El deseo del analista" en el artículo Sobre Encore, citando a Lacan en "Despegue de la escuela" (1980) dice que "el goce fálico no las acerca a las mujeres a los hombres, más bien las aleja ya que este goce es obstáculo a lo que las empareja con el otro sexo. Esto no significa que puedan tener, con uno solo, elegido por ellas, la satisfacción verdadera-fálica. Pero como una respuesta a la palabra del hombre. Para eso es preciso que acierte con el hombre que le hable según su fantasma fundamental, el de ella". Aquí, entiendo, que el goce femenino estaría dado por las palabras de amor que una mujer escucha del hombre que es Otro para ella, que le dicen lo que convenga a su fantasma fundamental, estando así en una de las variantes de la placa giratoria.

En "Ideas directivas para un Congreso sobre sexualidad femenina" de 1958 establece que en la posición femenina se presenta una duplicidad con un "hombre castrado y un hombre muerto (o incluso los dos en uno) los que se ocultan para la mujer detrás del velo para solicitar allí su adoración".

Lacan afirma que es natural que la mujer dé la espalda al padre. Es decir, sería lo esperable. El padre será sustituido en la elección de objeto realizada a través de una duplicidad. Lo explica así: Es un amante castrado o un hombre muerto (o incluso los dos en uno o uno en dos) el que se oculta para la mujer detrás del velo para solicitar allí su adoración". Laurent en "Posiciones femeninas del ser" nos lo traduce: "El llamado femenino a la adoración se dirige al hombre que realmente es Otro para ella. Y hombre Otro sólo hay dos: el padre y el hombre castrado. Por esto, los llamados, las situaciones extrañas en las que puede encerrarse una sujeto femenino cuando designa a un hombre como el suyo, pueden ser mortíferos. Las posiciones del marido y el amante son disyuntas: uno está mortificado y los amantes son impotentes".

Lacan ubica (al igual que Freud) en el hombre la degradación de la vida amorosa y del lado de la mujer una adoración hacia el hombre más allá de lo que es. Ante un hombre de la realidad que jamás satisface su función; el llamado más allá es que, allí donde estuvo la amenaza de castración, surge el llamado al padre muerto y a aquel que fue efectivamente concernido por la castración: un amante castrado que realiza la castración con la que ella fue amenazada. Y esto es un problema, no es una solución de la posición femenina en tanto goza del padre muerto.

Lacan, en el mismo texto, agrega: "Constituye un obstáculo toda identificación imaginaria de la mujer con el patrón fálico que sostiene la fantasía", que sería un obstáculo en el sujeto histérico, en tanto se hace idéntico al hombre. Cuando surge la identificación al falo, no hay manera de alcanzar al Otro o la remisión al padre muerto.

Al mismo tiempo, en la posición femenina el sujeto debe soportar ser falicizado. Es a través de la mascarada femenina que encuentra una inserción en el fantasma del hombre. Sin embargo, es preciso que no se adhiera a esta identificación imaginaria. De allí la paradoja de preservar la mascarada, el valor fálico y a su vez no creer en ella, no ser embaucado por el semblante que debe presentarse. De allí que deberá "saber operar con nada" para hacerse el Otro para un hombre, sin adherencias imaginarias al falo.

Lacan agrega que la posición del sujeto femenino "se encuentra tomado entre una pura ausencia (del padre muerto) y una pura sensibilidad (con el amante anónimo)". Y sostiene que "el narcisismo del deseo se aferra al narcisismo del ego que es su prototipo".

Aquí plantea la dificultad de la posición femenina en suspenso entre una pura presencia de goce, pura sensibilidad y la pura ausencia del padre muerto. El narcisismo del deseo como mediador entre estos dos polos:ausencia-sensibilidad

El narcisismo del ego es el "amarse a sí mismo" y Lacan lo asigna a ambos sexos. Y lo separa del narcisismo del deseo que se relaciona con "amar la falta". La paradoja es que, al amar este movimiento hacia la falta, el sujeto se aferra al narcisismo del ego (que se vincula con la mascarada, la posición fálica). El narcisismo del deseo es amar la falta pero a veces abarca el gozar de la falta, o sea gozar de la privación. Lo peligroso para el hombre es que cualquier mujer puede ser empujada a una zona en que se vuelve peligrosa para sí misma y para los demás en este punto en que al gozar de la falta puede privarse de todo lo más querido para obtener su satisfacción (lo ejemplo de Medea y la mujer que se hace abortos a repetición), volviéndose Otra para sí misma pero bajo esta modalidad mortífera.

El particular modo de desdoblamiento del hombre en el amor femenino para que el hombre se convierta en Otro: padre muerto y castración en el hombre amado (amante), es el modo que introduce Lacan, en "Ideas directivas…" la relación con el padre muerto y su invasión.

Esta adoración de la mujer por aquello que está detrás del velo (amor a la falta - narcisismo del deseo -padre muerto - amante castrado) puede tomar la forma del llamado de una verdadera sirena.. Puede tomar formas más suaves: "Sé Otro para mi", "No hablamos lo suficiente", "Dime mi ser". Luego puede adquirir formas menos suaves: "muere por mi", "ubícate en el lugar del hombre muerto", También está el "amigo homosexual de las mujeres: "compréndeme como mujer" "házte mujer, cástrate por mi", "conviértete en Tiresias" que son las formas en que el goce femenino se transforma en un llamado del superyo femenino, que Lacan , en L’Etourdit, denomina surmoitié.

Freud aceptaba la ficción de la mujer narcisista, en tanto se reencuentra con el narcisismo prima rio. Con esta ficción se designa a la mujer que se ama a sí misma, que se encanta con su propia máscara. Esta completad con su propia imagen sería lo que fascina al hombre que está prendido de ella. Lacan rechaza la ficción de este narcisismo supuesto primario, mostrando que no tiene nada de primario. La máscara secundaria del narcisismo del ego es común a ambos sexos. Lo particular de la posición femenina es más bien el narcisismo del deseo como amor del deseo o como un deseo de deseo. En esta imago de la mujer narcisista, bajo la identificación fálica que conviene a la naturaleza fetichista del amor masculino, se oculta una relación particular con la falta en la que las mujeres pueden amar apasionadamente la nada. Esta es la zona a la que puede ser empujada toda mujer en su relación con un hombre, en su versión estragante. El hombre sirve de relevo para que el sujeto femenino se vea Otro para sí misma pero si esto sucede, tomando esta particularidad mencionada, es en una pasión mortífera que puede tragárselo todo. Entonces se une el narcisismo del deseo con el "Sé otro para mi… conviértete en Tiresias, "házte mujer", "cástrate por mi"; para dar cuenta de la castración.

Lacan plantea que el superyo es peligroso no porque prohiba, sino porque empuja al crimen, empuja a gozar. La humanidad goza mucho y desea poco.

El superyo empuja al crimen y allí está la voz de la surmoitié. Es un empuje al crimen particular que se enuncia en el registro particular de cada uno. Lacan invita, en "L’Etourdit", a que los dichos del superyo sean: incompletados, refutados, inconsistidos, indemostrados, indecididos; que son maneras de decir que S(/A), el A tampoco está completo.

Lacan utiliza el Teorema de Gödel para definir la posición del analista ante los vasallajes del superyo.

Kurt Gödel demostró un teorema que se transformó en un clásico de la lógica matemática y que, por su importancia, se conoce como "el teorema de Gödel, 1931", (y también como el teorema que asegura la incompletitud de la aritmética). En él se demuestra que no todas las verdades matemáticas pueden ser alcanzadas. Más sencillamente: que en cualquier sistema que contenga la aritmética, existe por lo menos una fórmula, que, aun siendo verdadera, no podrá jamás ser demostrada. No importa cuál sea el conjunto de axiomas que se use: siempre habrá algo, que, si bien es verdadero, no se puede demostrar y a partir de allí se plantea lo indecidible y la inconsistencia.

Para nosotros, analistas, como mínimo, hay algo que debe interesarnos en esa aplicación caso por caso del teorema de Godel en distintas encrucijadas. 

El teorema de Gödel es uno de los resultados  fundamentales de las matemáticas del siglo XX y una de las aportaciones cruciales a las matemáticas de todos los tiempos.

Tal vez la mayor aportación de Kurt Gödel (1906-1978) es que sus teoremas establecen límites para las matemáticas en particular y para el conocimiento científico en general. En pocas palabras lo que Gödel nos dice en su teorema es que nunca llegaremos a conocer todos los secretos del Universo. Utilizó el rigor de las matemáticas para demostrar, sin lugar a dudas, que las matemáticas mismas son incompletas.

El teorema de Gödel establece que la verificabilidad es un concepto más débil que la verdad, en tanto que existen proposiciones verdaderas que no es posible verificar, sin importar la complejidad del sistema filosófico subyacente.

En términos de este matemático, puede demostrarse que en todo sistema lingüístico consistente, algo debe resultar indecidible. Una frase indecidible es precisamente la aseveración de esa verdad, es decir la aseveración que dice de sí misma que no es verificable. Un lenguaje consistente no puede incluir una oración que se niega a sí misma y permanecer consistente.

¿Qué hacer entonces con el superyo que se cuela con sus mandatos y hace virar la placa giratoria del goce femenino? Aplicando entonces el teorema de Gödel, la posición del analista apuntará a demostrar que existen proposiciones verdaderas (los dichos de la surmoitié) que no se verifican, quitándoles su consistencia y logrando de este modo descompletar al Otro, primando la lógica del no-todo.

¿Qué posición del analista frente al superyo femenino, la voz de las sirenas, su invitación al hombre a "conviértete en mujer"; La posición de adoración al padre muerto y el hombre castrado? Lo que hay que restaurar es la relación con S(/A), la relación con la inconsistencia, con lo indemostrable, con lo indecidible, con la incompletad del Otro. Allí es donde el hombre puede hacerse "relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma como lo es para él".

La posición del analista allí donde aparece el "Hazte Otro para mi" hay que responderle "No hay Otro del Otro". Y ante el llamado "sé todo para mi como yo lo soy para ti" hay que recordarle que "nadie tendrá la última palabra, la palabra que convendra a la exigencia del llamado femenino", es decir, que no existe el significante que nombre el goce femenino y que no hay Otro que pueda otorgarlo y que por estructura, al Otro también le falta. Este es el lugar que Lacan le asigna al analista. No adivinar el lugar del hombre, identificarse al falo, sino responder a ese llamado, en tanto puede reenviarlo a la verdadera lógica de la posición femenina, que es denunciar los semblantes que apuntan a cualquier consistencia del Otro.

Desembarazarse de los semblantes de cada cuál y enviarlo al sujeto a ocuparse de su goce. Ocuparse de su goce sin estar tan estorbadas por los semblantes.

Laurent transmiteque el analista dirá algo así: " Tú quieres que esté ese Otro que existe para ti, recuerda que no hay Otro del Otro, que la última palabra siempre escapa y que todos tenemos que enfrentarnos con ese punto del lenguaje". Harán falta muchas vueltas sobre lo dicho para encerrar esta satisfacción que la voz de la sirena encierra. Ante el goce superyoico hay que detenerse.

Frente al mandato suyperyoico: "Goza (Jouis) Lacan propone contestar "Oigo" (J’ouis), utilizando el equívoco en francés.

Para finalizar, es interesante recordar lo que formula Freud en "El humor" (1927): "La actitud humorística es asunto exclusivo de quien la toma por objeto y el espectador pasa a ser partícipe del goce del humor… Uno puede dirigir la actitud humorística hacia su propia persona o hacia otro objeto; cabe suponer que brinda una ganancia de placer a quien la hace y al espectador le corresponde una pareja ganancia de placer".

"La escencia del humor consiste en ahorrarse los afectos a que habría dado ocasión la situación (displacentera) y en saltarse mediante una broma la posibilidad de tales exteriorizaciones". Con su defensa frente a la posibilidad de sufrir, ocupa un lugar dentro de la serie de métodos que la vida anímica de los seres humanos ha desplegado a fin de sustraerse de la compulsión del padecimiento".

Es interesante observar cómo Freud introduce al superyo en este texto. Nos dice: El núcleo del yo es el superyo". Con su acostumbrada humildad sólo se atreve a "conjeturar" que "El humor sería la contribución de lo cómico por la mediación del superyo"… "Lo esencial es el propósito que el humor realiza, ya sea en la propia persona o enana ajena" Y termina con esta propuesta: "Véanlo, ese es el mundo que parece tan peligroso. ¡Un juego de niños, bueno nada más que para bromear sobre él!".

Sería importante no descartar esta propuesta de Freud, tanto para el analizante como para el analista, de utilizar la astucia del humor para refutar, descompletar, indecidir e indemostrar los dichos de la surmoitié.

Rosy Goldman
rosygoldman@gmail.com

Notas

1 Laurent, Eric., "Posiciones femeninas del ser" , Editorial Tres Haches, 1999.

2 Lacan, Jacques, "Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina", Escritos 2, 1975

Bibliografía:

Aramburu, J. "El deseo del analista", Editorial Tres Haches, 2000.

Freud, S. "Pegan a un niño";

--------- "El problema económico del masoquismo";

--------- "La sexualidad femenina";

--------- "La femineidad";

--------- "El humor".

Lacan, J. "De una Cuestión Preliminar a todo tratamiento posible en la psicosis", Escritos 2, 1975

--------- "Ideas directivas para un Congreso sobre sexualidad femenina", Escritos 2, 1975.

--------- "Seminario XX", Aún, 1972-73

--------- "L’Etourdit"

Laurent, E. "Posiciones femeninas del ser", Editorial Tres Haches, 1999.

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