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Número 21 - Diciembre 2007

II Congreso Iberoamericano de Psicogerontología
I Congreso Uruguayo de Psicogerontología
"Envejecimiento, memoria colectiva y construcción de futuro"
7, 8 y 9 de noviembre de 2007
Montevideo, Uruguay 

Talleres en Residencias Geriátricas de la Ciudad de Córdoba

Laura Urquiza
lauraurquiza23@yahoo.com.ar

"EL SER HUMANO SABE HACER DE LAS DIFICULTADES NUEVOS CAMINOS, PORQUE A LA VIDA LE BASTA EL ESPACIO DE UNA GRIETA PARA RENACER". ERNESTO SABATO

En el año 2000 comencé a realizar talleres grupales en diversos geriátricos de la ciudad de Córdoba, Argentina. Las actividades allí realizadas están orientada s a "darle un sentido al día a día de los residentes". Así, más allá de la temática o la actividad de cada taller (citados más adelante) lo fundamental siempre es que los residentes "tengan algo que hacer", aprendan cosas nuevas, ejerciten lo que ya saben, que se preparen porque a determinada hora comienza la actividad (o las "clases" como ellos las llaman), que al ser visitados por un familiar tengan algo para contar o para mostrar y, sobre todo, que puedan conocer e interactuar con sus compañeros, ya que muchos de ellos, lúcidos y orientados, solo se sientan cada día en el mismo lugar sin tener en cuenta a las personas con las que conviven.

Conociéndonos:

Cada vez que ingreso a una institución geriátrica comienzo por conocer a cada residente, entrevistándolo individualmente e indagando sobre su historia de vida (lugar de nacimiento, edad, años de escolaridad, forma en la que estaba compuesta su familia, ocupación, estado civil, cantidad de hijos, hobbies, gustos, etc. ), evaluando sus habilidades y funciones y, fundamentalmente, generando un espacio confortable para entablar un vinculo de confianza mutua. Es muy importante para esta instancia y para que el residente se sienta cómodo, establecer contacto, es decir, mirarlo a los ojos, observar su rostro, su cuerpo, las "marcas" del paso del tiempo, la forma en que se viste, el tono de su discurso, etc.; adaptar las preguntas a sus posibilidades de comprensión; darle el tiempo que necesita para responder y, obviamente, escucharlo atentamente.

Una vez obtenidos los diagnósticos individuales, realizo un diagnóstico grupal a partir del cual selecciono el taller a realizar y la graduación del mismo.

Invitación:

Cada vez que convoco a los residentes para el taller, lo hago llamándolos por su nombre, mirándolos a los ojos; utilizando frases positivas, el humor y enfatizando lo que ellos sí pueden hacer, ya que habitualmente se niegan a participar pensando que "ya no están para eso". Para que la motivación sea efectiva, para mi siempre fue importante confiar en lo que yo hago, en la habilidad del residente, contagiando alegría y predisposición. También es importante respetar el horario y el día de la actividad, más allá de cambios aislados o feriados, es fundamental que se genere el hábito de concurrir a la actividad.

Espacio:

Para determinar el lugar donde se desarrollan los talleres tengo en cuenta las posibilidades de espacio físico que brinda la institución, esperando que sea un lugar privado, amplio y que no constituya un lugar de paso; permitiéndole al residente confiar en el grupo cuando se habla de temas personales, concentrarse con la actividad y expresar lo que necesite. Cuando es un lugar de uso común, solicito a enfermeras y asistentes que no transiten por el mismo, mientras transcurre la actividad.

Sesiones:

Sin importar cuál sea el taller, me gusta comenzar la sesión con un saludo grupal, preguntando a los residentes cómo se encuentran, si hay alguna novedad y recordar entre todos la fecha, mes, año, etc.(Orientación temporo-espacial).

Según el grupo de residentes que desea participar, voy adaptando las actividades y las consignas, reformulándolas cada vez que sea necesario, así, si un residente no comprende una palabra u olvida una consigna se le repite de manera cordial (para esto necesito estar atenta a cada residente y a la dinámica del grupo).

Talleres:

Los talleres realizados en el transcurso de estos años fueron:

Particularmente prefiero comenzar con el "Taller de activación y entrenamiento de la memoria" (Acuña y Risiga), ya que las primeras sesiones consisten en presentarse, escuchar y observar a los compañeros, recordar sus nombres y características personales. Esto es el paso inicial para que el grupo se conozca y se integre.

Si la institución permite realizar dos actividades semanales procuro realizar un taller en el que se ejercite el área corporal, por ejemplo taller de gimnasia grupal y expresión corporal, y otro en el que se ejercite el área cognoscitiva, por ejemplo taller de lectura reflexiva y orientación a la realidad.

Cierre:

En todos los talleres, al realizar el cierre de la sesión, recordamos el día y horario del próximo encuentro y nos aplaudimos por la labor realizada.

Antes de retirarse del taller, los participantes preguntan la hora, cuánto falta para comer, me ayudan a dejar la sala en condiciones y se acompañan hasta sus lugares habituales.

Evaluaciones:

Durante los meses en los que se realiza el taller recojo datos en relación a la concurrencia de los residentes, por ejemplo, quienes asisten, en qué sector duermen, cómo es su participación, etc.; para conocer a las personas que frecuentan la actividad, detectar cuando debo modificar algo, fortalecer algún aspecto o continuar de la misma manera.

Al finalizar el taller, en base a los datos estadísticos obtenidos, lo observado en el transcurso de la actividad y entrevistas realizadas, determino en que aspectos contribuyó la actividad, si les agradó a los residentes o no y si es conveniente repetirla en un futuro.

Fragmentos de Entrevistas:

"Para mi es muy importante que los pacientes tengan estas actividades en la semana. Yo observe que a mi hermano le gusta mucho y se interesa por realizarlas de la mejor manera posible. Yo me ofrezco para colaborar con lo que yo se hacer que es cantar." Familiar de paciente con ACV Isquémico de 40 años (colaboró en preparar a los residentes para cánticos navideños en el año 2005).

"Desde que comenzaron las actividades en esta institución los residentes están más conversadores, entusiasmados e interesados por lo que sucede a su alrededor. Yo considero que es parte de la mejora en la calidad de vida de los mismos que hemos logrado a lo largo de estos años"

Dra. Statopulos Alicia. Médica de institución geriátrica RAMP.

"Es lindo que los abuelos tengan actividades, así no se están quejando todo el día porque les duele algo y no demandan tanta atención. Cuando tienen vacaciones aumentan mucho las protestas y el pedido de que los atendamos".

Personal de una institución geriátrica privada.

"Yo veo que les hace bien tener actividades, muchos esperan que llegue el día para hacerla."

Enfermera de institución geriátrica RAMP.

"Me gusta mucho hacer los talleres, me entretengo un rato y hago ejercicio que me viene bien para mis dolores"

Residente con Trastorno Distímico Crónico.

Observaciones:

Lo que observo a lo largo de estos años es que los residentes esperan a que yo llegue, preguntan si tenemos taller y se preparan para ir al lugar donde lo realizamos. Muchos se acompañan o se predisponen a trasladar a sus compañeros. Otros, que no participan, colaboran con la preparación del lugar, acomodando sillas o corriendo mesas.

Si algún compañero no escucha la consigna u olvida lo que tiene que decir, los demás residentes lo ayudan.

Aunque en el resto del día prefieran que determinado residente no esté junto a ellos, durante el taller esto es aceptado cordialmente.

Otras veces, pacientes con Retraso Mental Severo o con Esquizofrenia, que tienen intereses restringidos, preguntan cuando me ven si hoy tienen actividad o si yo soy "la chica de la gimnasia".

Quienes están en condiciones, piden permiso y disculpas por levantarse e irse antes de que la actividad finalice.

Conclusión:

Los talleres grupales programados, siempre y cuando sean acordes a las capacidades e intereses de los residentes, además de sus objetivos específicos, favorecen el contacto del residente con la realidad circundante, la integración con el grupo de pares, la interacción con sus familiares y con el personal de la institución, la disminución de las quejas de los pacientes, el fortalecimiento en su autoestima, etc. Permiten a la persona que reside en una institución tener una actividad placentera, trasladarse hasta el lugar de encuentro y allí demostrar sus capacidades, compartir con sus pares, recordar lo vivido y aprender cosas nuevas. Es muy gratificante para mi verlos sonreír, animarse a jugar con su cuerpo, su rostro, utilizar sus manos para crear algo nuevo, aunque no sea "tan lindo como lo que compre para mi casa", es lo que pueden hacer y este "poder hacer" los ayuda a ver la vida de otra manera, a vivirla con más entusiasmo y a transmitirle a las generaciones que siguen la enseñanza de que nunca es tarde para crecer y aprender.

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