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Número 13 - Octubre 2003

Amor y sexo en la tercera edad

Dora Gemina Bourda de García Calderón
dogebo@hotmail.com

INTRODUCCIÓN

Son mis objetivos, en este trabajo sobre el AMOR y las investigaciones realizadas sobre "Sexo en la 3° Edad", estimular a las personas que lo lean: si son jóvenes, que amen, sin temor a decirlo, expresarlo, incluso a veces es necesario escuchar TE AMO; y a las personas adultas que se van aproximando a la 3° edad, que si amaron, lo sigan haciendo y no sientan temores a sobre tener sexo.

Que deje de ser algo prohibido y un tema tabú; es tiempo de respetar a los ancianos y permitírseles el derecho de amar y gozar de la vida.

"Todos nacimos para amar y ser amados. Es el principio de toda existencia y su único fin."

Benjamín Disraeli

 

 

El AMOR no es algo abstracto, complejo y místico. Es algo accesible y humano que conoceremos a través de la experiencia diaria tanto en los fracasos, como en los momentos de extrema felicidad.

Es el centro y la médula espinal de la vida de todos, desde la cuna hasta la tumba. No debemos cansarnos de expresarlo, ya que sin duda nunca nos cansamos de oírlo cuando nos lo expresan.

Desde que dejamos de ser adolescentes, nunca es agradable cumplir años, quizás nuestras propias actitudes frente a envejecer nos convierten en aprensivos.

Algunos jóvenes determinaron que una vez cumplidos los treinta años, ya se era viejo; luego, estos mismos jóvenes llegaron a los treinta y cambiaron de opinión.

Todos nos hacemos mayores cada día y estamos destinados a experimentar cada edad, ninguna es mejor que otra; sólo son diferentes. Cada edad tiene sus valores especiales. Todo ser humano necesita conversación y amistad. Por qué suponemos que las necesidades de la gente mayor terminan ahí?. Quizás el cuerpo cruja un poco, pero no existe la arteriosclerosis de las emociones. Las personas de edad están hambrientas de cariño, de AMOR, de caricias, como todo el mundo.

Creo, que no tememos la vejez o la muerte, sino la posibilidad de sentirnos solos y sin afecto. Tememos que llegue el día en que los que amamos dejen de planear junto a nosotros y comiencen a planear para nosotros. La caída del cabello, la piel arrugada y el caminar lento no son las verdaderas razones por las que tememos la vejez, se trata de la posibilidad d perder el AMOR. La vejez, no necesita ser un almohadón lleno de recuerdos sobre el que descansamos en el ocaso de una vida plena.

El AMOR es uno de los motores más importantes de la vida, no sólo es privativo de la juventud. Los ancianos, no deben ser privados de su capacidad de amar y de la posibilidad de expresar ese talento de la vida. La vejez es un triunfo de la condición humana y no un fracaso.

En esta época, los patrones que rigen el éxito son la belleza y la juventud y entonces pareciera que los abuelos no pueden disfrutar de las relaciones de pareja y de la compañía del sexo opuesto con menos presiones y con más tiempo para compartir.

Quizás, no se viva un enamoramiento pasional e impulsivo, pero sí puede llevarse a cabo una relación más rica y tolerante. Uno de los cambios claves en la vida de la mujer es la menopausia. En este período se produce un déficit hormonal importante, este momento se compara en el hombre con la andropausia, en donde ocurre la disminución del circuito hormonal y de la potencia eréctil; por eso, es tan necesario el vínculo afectivo y ampliar las relaciones sociales que fomentan el erotismo.

La hormona del deseo, tanto en el varón como en la mujer, es la testosterona, la hormona masculina. En la mujer, la testosterona es segregada por las glándulas suprarrenales, no por los ovarios. Por ello su potencia erótica se mantiene intacta, incluso mucho después de la menopausia, de hecho hasta el final de su vida.

Esto no quiere decir sólo la parte sexual, sino, todo lo que se relaciona con el vínculo con el otro sexo: sensualidad, coqueteo, seducción, la compañía, etc..

El AMOR no es sexo, aunque la gratificación sexual, en distintos grados, forma parte del AMOR. Sería absurdo escribir o hablar sobre el AMOR, sin considerar la importancia del sexo. Resulta imposible imaginar una situación en la que se ama profunda y sinceramente sin que se desee algún tipo de gratificación sensual.

El AMOR reconoce, entonces, necesidades físicas y emocionales; no sólo ve, sino que también mira, no sólo escucha, sino que también oye; el AMOR toca, acaricia y se revela en la gratificación sensual.

Uno de los momentos más tristes por los que suelen pasar las personas en la 3° edad, es la viudez. Es una circunstancia muy dolorosa que necesita un proceso de duelo que no hay que forzar; algunas culturas, como la judía, organiza en su comunidad grupos para que la persona viuda no se quede sola y conozca gente.

Las formas de vivir el AMOR son muchas, lo importante es tener ganas y sentirse vivo.

La sexualidad del anciano, al igual que la del niño fue negada durante mucho tiempo; este concepto introducido por Freud, en su Escuela, considera que: aceptar la sexualidad de los viejos, implica aceptar la sexualidad de los propios padres, extendiéndose a todas las personas mayores en general.

Muchos ven al anciano como un discapacitado sexual, un impotente. Otros consideran como perversa toda la actividad sexual del anciano ("esas no son cosas de viejos") y como ridícula toda expresión de AMOR entre los mismos ("es una época para los dolores y no para los placeres").

Todo esto es erróneo y prejuicioso, ya que se observa, que tanto el interés o deseo sexual, como la ac tividad sexual, permanecen en el anciano, si bien, con menor intensidad y frecuencia. Todo se demuestra con la publicidad, anuncios gráficos y televisivos, que la sexualidad es monopolio de la juventud, sólo para la gente joven y linda. Un Doctor le pregunta a una pareja de 85 años, cómo se encuentra su vida sexual. La mujer responde que sus relaciones están de maravillas gracias al tratamiento; el médico le pregunta: Qué tratamiento? y ella responde: "El trata y yo miento".

A veces, las personas de edad suelen sentirse limitadas para desarrollar su actividad sexual. Las depresiones y diversas dolencias físicas les hacen disminuir el deseo. Algunos gerontólogos han constatado, que después de los 80 años, el 75% de los ancianos no tienen deseos ni actividad por diversos motivos: el temor a "excederse" y hacerse o hacer daño físico a su cónyuge, el temor a un ataque cardíaco o a una hemorragia cerebral, también, el temor a exponerse al fracaso, los lleva a abandonar la actividad sexual. Como en todas las edades la actitud del "otro" puede ayudar.

La sexualidad, referida a las personas mayores permanece plagada de mitos, estereotipos y de una falta de información importante. En general, todo lo referido al proceso del envejecimiento.

En el campo gerontológico, una de las últimas fronteras "de la ignorancia" parece persistir en el área de la sexualidad. Por alguna razón inexplicable, la sociedad se ha mostrado incómoda con cualquier expresión que demostrara interés sexual por parte del hombre o la mujer "entrado en años", confundiendo e inmovilizando así, a miles de personas respecto a uno de los mayores atributos de la condición humana: las expresiones físicas y afectivas de la sensualidad y la sexualidad.

En una época como la actual, en la que las personas tienen oportunidad de vivir más años en forma saludable, es insensato y hasta destructivo, privar a las personas mayores de la posibilidad de amar y ser amadas en forma completa.

Para muchos jóvenes, y no tan jóvenes, llegar a la vejez todavía significa entrar en una zona de "neutralidad sexual", en la que quedarían abolidos el deseo, la capacidad y la actividad relacionada con el sexo.

Escuchamos desde chicos que en la vejez uno se vuelve asexuado, mal querido (no amado) e incapaz de amar, que todo lo emocional, los deleites del contacto corporal, la proximidad física y el éxtasis del orgasmo parecen reservados sólo para los jóvenes y adultos jóvenes.

En la actualidad los asuntos sexuales van tomando mucha mayor libertad, pero la sexualidad de los ancianos es tod avía un tema osado, atrevido. Los estudios científicos sobre la sexualidad entre ancianos realizados en la Universidad de Duke (Estados Unidos), revelan la persistencia del interés y la capacidad sexual hasta los noventa años (por no decir "de por vida") en particular en aquellos ancianos que gozan de buena salud e integridad psicológica.

En muchos casos, las personas de edad, mantienen un nivel de actividad sexual que se correlaciona con el que tenían cuando eran jóvenes (20-40 años). Si entonces eran sexualmente activos seguramente seguirán siéndolo cuando envejezcan. A menudo, la mujer añosa mantiene el interés y la capacidad amatoria sexual hasta su muerte, salvo que algún impedimento físico y/o mental interfiera, ya que no tiene el temor a quedar embarazada. La potencia erótica femenina se mantiene intacta hasta el fin de la vida.

Los mimos y el velar por la pareja, son factores muy importantes en la relación.

La Instituciones, en particular las específicas para personas mayores, no han logrado eliminar el deseo y la necesidad de la expresión sexual. La separación por sexos en las más antiguas tipo "asilos", a veces la intolerancia del personal a cargo, así como la imposición de reglas consideradas "apropiadas" para instituciones de este tipo, revelan la persistencia de tabúes y fantasmas acerca de la sexualidad en los ancianos. Por el contrario debería estimularse la información apropiada a los residentes, los familiares y en especial al personal. El médico debe ofrecer una adecuada educación sexual, sobre todo, señalando los cambios propios del envejecimiento, ya que es muy difícil que el paciente anciano/a inicie una consulta por un problema sexual.

El comportamiento sexual y amatorio varía según las culturas y difiere de una persona a otra; tampoco existe una única manera para expresar el afecto o el amor hacia una misma persona, a través de los años. Los besos, abrazos, y juegos amatorios ayudan a satisfacer las necesidades de contacto sexual.

La mayoría de casos de impotencia masculina a esta edad, suelen deberse a falta de confianza en uno mismo, por inculcación de conceptos erróneos o tergiversados. Otros factores que inhiben la actividad sexual son: prejuicios culturales, principios morales estrictos, autovaloración negativa y problemas físicos.

En un estudio escrito en Francia en 1963, el Dr. Destrem proporcionaba los siguientes datos: según él entre 60 y 70 años, el comportamiento del anciano es semejante al del adulto. El trabajador sigue siendo más sexuado que el intelectual, el soltero y el viudo de larga data no tienen el mismo comportamiento que los viejos casados, en estos, el hábito, la existencia de solicitaciones eróticas mantienen la vida sexual.

La frecuencia del coito es aproximadamente de una vez por semana a los sesenta años, cada dos semanas a los 70; la masturbación, bastante frecuente sigue el mismo ritmo que el coito normal. Entre 70 y 80 años los hombres casados conservan una actividad sexual, pero disminuida. Los viudos sufren deseos reprimidos, algunos se masturban. Y en general, la actividad débil de las mujeres se debe sin duda a que sus maridos, son más viejos que ellas.

Aquí decimos, que no es lo mismo sexo que sexualidad.

Sexo: normalmente se aplica a los actos sexuales en concreto (coito).

Sexualidad: refiere al conjunto de rasgos físicos y psicofísicos que nos conforman como hombres o mujeres.

Dentro de esta definición todos los hombres, mujeres y niños son seres sexuales, y esto incluye al paciente moribundo. Las expectativas de muerte difieren unas de otras, se pueden ayudar en 3 áreas.

1) Apariencia y arreglo personal:

Hay pacientes, que por sí solos mantienen la mejor apariencia posible, pero otros, la descuidan y llegan hasta un estado de abandono, es en este momento, que se lo debe incentivar a recobrar su buena apariencia y sentimientos positivos.

2) Mantener el propio estilo:

Todo individuo tiende a afirmar su sexualidad a través del papel que adopta en su trabajo o en el hogar. Así, una vez comprendida la relación entre el papel asumido en su vida y la autoestima sexual, se debe ayudar al paciente a mantener los lazos con esas actitudes tan largamente establecidas.

3) Necesidad del contacto físico:

La necesidad de tocar y ser tocado, sigue siendo un aspecto crucial en la sexualidad del paciente moribundo. Esto puede variar, desde el simple deseo de ser abrazado hasta de tener un acto sexual. La enfermedad puede deprimirlo y aislarlo, hasta el punto de resultarle difícil explicar sus necesidades físicas, su cónyuge por sus tareas de cuidarlo, deja pasar por alto las demostraciones físicas de afectos. No es aconsejable que se deje el lecho conyugal, asimismo se permite al paciente participar en actividades sexuales de acuerdo con sus deseos, el estado de su enfermedad y su nivel de energía. Si fuese necesario se aconseja recurrir a un consejero sexual.

El interés y la actividad sexual, no cesa con la edad, pues se mantienen como una condición legítima e importante de sus vidas, como una fuente de placer, de comunicación y de AMOR mutuo. Seguiremos siendo personas capaces de ser amadas con las mismas necesidades de siempre, aunque la coraza exterior demuestre lo contrario, necesitaremos AMAR y ser AMADOS hasta el día de la muerte.

Vivir enamorados sea cual fuere la edad, significa, simplemente, que aprendimos a mantener vivo el AMOR.

El AMOR añejo, al igual que el vino, nos da más satisfacciones y es más refrescante, más valioso, más reconocido y más embriagante.

Los enamorados con experiencia tienen que perdonar a los más jóvenes por no entender del todo el AMOR, y dedicarse a beber y gozar.

Leo Buscaglia escribió 13 libros, la mayoría de los cuales tratan sobre el AMOR, una vez le preguntó a una anciana de 81 años sobre las necesidades en esa etapa de la vida y ella le respondió con simpleza ... todo lo que necesito y siempre necesité fue alguien a quien amar y que me amara. Nada ha cambiado ...

REFLEXIÓN

Son las etapas de la vida y la madurez, con las correspondientes experiencias a medida que transcurrimos por ellas, propicias a hacernos un replanteo y pensar de otra manera.

Tratamos de ver las cosas más pasivamente, posiblemente dejando de lado un poco lo material, y, así valorar y gozar de la vida, con las simples cosas.

Dar gracias por levantarnos todos los días y tener salud es un don de la vida, pero nos preguntamos cómo llegamos a eso?, es con AMOR, debemos querernos nosotros mismos y poder así querer a los demás.

Querer, respetar a las personas ancianas y pensar que son seres humanos, y posiblemente con más derechos de gozar de la vida y con todos los placeres que ello les produzca, es lo más maravilloso que pueda pasarles.

La sociedad en que vivimos, debería aceptarlo como algo puro y convertir la vejez en un período hermoso y mágico.

Si existe AMOR y confianza, las relaciones en la edad madura pueden ser tanto o más placenteras que las que se tenían a los 25 años.

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